Seleccionar página

A la hora de emprender, se nos plantean muchos retos por delante, tanto del propio negocio que queremos desarrollar, como de todo lo que conlleva a nivel burocrático e incluso emocional.

Poner en marcha un negocio es algo con lo que muchos sueñan, pero que quizás menos de la cuarta parte de esos soñadores ponen en práctica. El miedo a la incertidumbre, salir de la zona de confort, la aversión al riesgo, el vértigo al sobreesfuerzo ó a las dificultades del arranque, son algunas de las barreras mentales con las que todo emprendedor tiene que lidiar cuando decide poner en marcha su propio negocio. Por otro lado, la inversión inicial, convertirse en director de orquesta multifuncional, abordando tareas que jamás has hecho antes, llegar a los plazos de cada eslabón de la cadena, coordinar a proveedores que aún no conoces, pedir varios presupuestos por cada cosa que haces, asumir que te vas a equivocar, que habrá hitos que se tuerzan en el camino, etc… son otros de los hándicaps que ineludiblemente nos vamos a encontrar.

Batallado todo esto, si quieres seguir adelante, es que eres un emprendedor nato y has sopesado al alza las ventajas de la autonomía, la libertad de elegir tu futuro, el liderazgo de tus pasiones y  de la construcción de tus sueños. A cambio, asumirás un riesgo extra, deberás aprender a gestionar la incertidumbre, a confiar en ti mismo por encima de todo, estar dispuesto a ser flexible, a virar en el camino, a asumir errores y a extraer oportunidades de cada fallo.

¿Y qué tiene que ver todo este preludio con las claves para dar valor a tu idea de negocio? Pues bien, con esto quiero dar a entender que es absolutamente imprescindible, por la cuenta que nos trae, hacer un buen análisis de viabilidad del negocio a emprender, puesto que el esfuerzo que vamos a realizar emprendiendo no es baladí y sólo si los números nos dan el pistoletazo de salida, nos compensará arrancar el proyecto.

Puedes tener una idea de negocio que te haga feliz, que te llene, que saque todo tu potencial, pero si y solo si, eres capaz de hacerlo de verdad rentable será sostenible, sin dejarte la piel y los ahorros en el camino.  Parece una obviedad, pero son muchos los que han empezado con un bonito sueño y han tenido que abandonar por no haber tenido un buen plan financiero previo, que marcara unos pasos claros. Por ejemplo, en cuanto a las inversiones a acometer, a las previsiones de tesorería, a anticipar todos los gastos, planificar bien los pagos y cobros, tener una previsión de ventas con varios escenarios posibles, tener planes de contingencia y de reajustes, etc. o, en definitiva, es como tener un “buen navegador” para no perderse en la gestión, para poder disfrutar y hacer correctamente el viaje.

Por tanto, analiza la viabilidad de tu idea de negocio y ponlo en valor con las siguientes claves:

  1. Una idea por sí sola, no vale nada, por mucho que pienses que es la panacea. Así que no temas contarla, compartir y obtener feedback de tus potenciales clientes, socios o competidores. Lo realmente difícil y valioso es poner la idea en práctica. Por tanto, empieza a sondear, a obtener información relevante y construye valor, que tu proyecto empiece a tener forma e identidad.
  2. Confecciona un Business Plan completo y bien reflexionado. Dedícale tiempo a esto. Muchos emprendedores se lanzan a su desarrollo sin hacer una planificación económica no sólo en el corto, sino también en el medio y largo plazo. No importa que no tengamos ni idea de cómo va evolucionar el negocio dentro de 6 meses, pero debemos tenerlo pensado. Crea una estrategia y transcríbela a un plan financiero, considerando absolutamente todos los costes que va a implicar, cómo vamos a obtener ingresos y qué nivel alcanzarán el primer año y a 5 años. Este ejercicio es fundamental, nos hará reflexionar y nos ayudará a tomar decisiones. Aquí debemos ser honestos con nosotros mismos y ser realistas. Casi siempre en esta fase, se hace múltiples versiones del plan financiero, puesto que observar las previsiones de ventas, los costes asociados y valorar el esfuerzo para obtenerlo, suele retroalimentar el modelo y tendemos a ser más realistas en cada versión del plan que hacemos, hasta obtener un Business Plan realista, coherente y defendible ante cualquier potencial inversor o entidad financiera.
  3. Demuestra quién hay detrás: presenta al equipo gestor. Normalmente, cuando se trata de valorar una start up, los potenciales inversores y entidades financieras, se fijarán más en quien hay detrás del negocio, más incluso que en el propio Business Plan. Como decía en el punto primero de la idea de negocio, lo realmente importante, una vez obviado que tenemos un plan razonable, es cómo se ejecuta. Se confía en quien demuestra día a día que merece dicha confianza.
  4. Invierte en tu propia idea. A la hora de buscar financiación, ya sea por parte de inversores que aporten fondos propios, como de entidades financieras públicas o privadas que aporten recursos ajenos, siempre van a fijarse en cuánto capital propio han aportado los promotores en su propia start up. Es lógico pensar que sólo si los emprendedores han apostado por su propio proyecto, posteriormente otros apostarán por él.
  5. Sondea la idea y retroaliméntate con los resultados. No esperes a tener todo listo para empezar a vender. Si no hay venta de productos o servicios, no hay negocio. Muchas veces queremos que todo esté perfecto para arrancar, pero es un grave error. Arrancar pronto, aunque con el análisis realizado, nos permite ser más flexibles, virar, reajustar, etc. Si comenzamos con un producto o servicio mínimo viable, podremos evaluar los resultados: quién compra, cómo, cuándo y cuánto. Con los resultados, podremos tener hipótesis más realistas que nutran el Business Plan. Cuanta más información histórica tengamos, más realista será el plan y más valor objetivo y demostrable tendrá nuestro negocio.
  6. Conoce bien a tu cliente. El cliente es la base de todo. Si lo conoces bien, si llegas a él, si analiza, si compra y sobre todo, si repite, tu negocio tiene más valor, puesto que las ventas tienen una potencial curva de crecimiento geométrica. Es tendencia utilizar, como uno de los indicativos más relevantes de valoración de un negocio, el análisis de las denominadas “cohortes”, que es un estudio de la recurrencia de compra de los clientes. Con recurrencia sostenible, el negocio aumenta su valor.
  7. Optimiza la estructura de capital. Es frecuente entre los emprendedores preguntarse cuál es la mejor forma de financiarse, que la mayoría de las veces es un factor limitante. Depende de cada caso, pero lo ideal no es siempre financiarse con recursos propios como pudiera parecer. Primero, porque no todo el mundo tiene los recursos para establecerse por su cuenta y además, aporta valor al negocio tener una estructura de capital compuesta por una parte de recursos propios y otra de recursos ajenos. Es más caro el coste del capital propio que el del endeudamiento, cuyos intereses son, además, deducibles. Pero a su vez, un nivel de apalancamiento o endeudamiento demasiado elevado puede ser contraproducente puesto que aumenta el riesgo de la empresa y le restaría valor. En el equilibrio está la virtud.

Estos son sólo algunas claves interesantes a reflexionar si queremos construir un negocio desde unas buenas bases económico-financieras. Obviamente hay muchos más temas a considerar, que iremos tratando aisladamente en cada post.

No dudes en analizar o consultar cualquier duda o aspecto que te preocupe. Que no te quede nada en el tintero.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies